viernes, 10 de julio de 2009

Pocos lo saben, pero existe un premio tipo "Nobel" de Ecología.

Esta buena noticia es del año pasado. No obstante, es tan alentadora que con mucho gusto la publicamos.

En abril de 2008, Jesús León Santos, de 42 años, agricultor mixteco (México) que lleva realizando en los últimos 25 años un excepcional trabajo de reforestación en su región de Oaxaca, México, ganó el "Premio Nobel" de Ecología.
http://www.goldmanprize.org/node/733
Para su plática de aceptación está en http://www.goldmanprize.org/2008/northamerica

El reconocimiento es el "Premio Ambiental Goldman". Fue creado en 1990 por dos generosos filántropos y activistas cívicos estadounidenses Richard N. Goldman y su esposa Rhoda H. Goldman. Consta de una dotación de 150.000 USD ($2,154,000 M.N.) y se entrega cada año, en el mes de abril, en la ciudad de San Francisco, California (Estados Unidos). Hasta ahora ha sido otorgado a defensores del medio ambiente de 72 países. En 1991, lo ganó la kenyana Wangari Maathai, quien luego obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 2004.

Cuando Jesús León Santos tenía 18 años decidió cambiar el paisaje donde vivía en la Mixteca Alta, la "tierra del sol". Aquello parecía un panorama lunar: campos yermos y polvorientos, desprovistos de arboleda, sin agua y sin frutos. Había que recorrer grandes distancias en busca de agua y de leña. Casi todos los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo de semejantes páramos y de esa vida tan dura.

Con otros comuneros del lugar, Jesús León Santos se fijó el objetivo de reverdecer los campos y decidió recurrir a unas técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos amigos mayas de Guatemala para convertir tierras áridas en zonas de cultivo y arboladas.

¿Cómo llevar el proyecto de rescate de las tierras ancestrales a cabo? Haciendo revivir una herramienta tradicional también olvidada: El tequio, el trabajo comunitario no remunerado. Reunió nada menos que a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos limitadísimos, se lanzaron en la gran batalla contra la principal culpable del deterioro: la erosión.

En esa región de la Mixteca existen más de 50.000 hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura de suelo desde el siglo XVI. La cría intensiva de cabras, el sobre pastoreo, el uso del arado de hierro y la industria de producción de cal que establecieron les españoles durante la Colonia deterioraron la zona. Los españoles y sus descendientes intensificaron de depredación con la tala intensiva de árboles para la construcción de sus imponentes templos dominicos. El saqueo de la zona a partir de la Conquista contribuyó definitivamente a la desertificación.

Jesús León Santos reclutó a varios familiares y amigos y juntos, impulsaron un programa de reforestación. A pico y pala cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras vivas para impedir la huida de la tierra fértil.

Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego, en un esfuerzo titánico, plantaron alrededor de ¡¡cuatro millones de árboles!! de especies nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua. Después se fijaron la meta de conseguir, para las comunidades vecinas, la soberanía alimentaria.

Desarrollaron un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario de esta región. Sembrando sobre todo una variedad muy propia de la zona, el cajete, que es de las más resistentes a la sequía.

Se planta entre febrero y marzo, que es allí la época mas seca del año, con muy poca humedad en el suelo, pero cuando llegan las lluvias crece rápidamente. Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido. Hoy la Mixteca Alta esta restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales con más agua. Hay árboles y alimentos.

¡Y la gente ya no emigra!
Actualmente, Santos y sus amigos luchan contra los transgénicos, y siembran unos 200.000 árboles anuales. Cada día hacen retroceder la línea de la desertificación. Con la madera de los árboles se ha podido rescatar una actividad artesanal que estaba desapareciendo: la elaboración, en talleres familiares, de yugos de madera y utensilios de uso corriente.

Además, se han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento, de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos familiares orgánicos.

El ejemplo de Jesús León Santos es ahora seguido por varias comunidades vecinas preocupadas por recuperar el control sobre sus tierras. También han creado viveros comunitarios y organizan temporalmente plantaciones masivas.

En un mundo donde las noticias con frecuencia son negativas y deprimentes, esta historia ejemplar ha pasado desapercibida.
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