miércoles, 11 de noviembre de 2009

POBRE, MUY POBRE, MUY MUY POBRE

La metodología clasifica la pobreza en tres categorías: la “alimentaria”, la de “capacidades” y la “patrimonial”. En términos prácticos o por lo menos no tan elegantes, podríamos decir que las clasificaciones son de muy muy pobres, muy pobres y pobres. En vez de optar por una metodología que considerara ciertos mínimos de bienestar, como hogares con acceso al agua, drenaje, luz y con piso de tierra, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social/ CONEVAL optó por expresar la pobreza en términos del ingreso diario por persona. Queda claro que no existe una fórmula “correcta”, por lo que el mérito de la metodología consistió más que nada en adoptar una medición que todos pudieran utilizar para comparar la pobreza en distintos tiempos.
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La “pobreza alimentaria”, identifica a la población cuyo ingreso es inferior al necesario para adquirir una canasta suficiente de alimentos.

La “pobreza de capacidades” se refiere al ingreso que permite cubrir las necesidades mínimas de alimentación, pero que es insuficiente para la educación y la salud de cada miembro del hogar.


Existe una idea generalizada acerca de que la pobreza es resultado de la falta de ingreso de un individuo o familia. Sin embargo, un enfoque correcto obliga a identificar la pobreza con la privación de capacidades que son “intrínsecamente importantes” porque enriquecen la vida de las personas, las liberan de restricciones y las convierten en seres sociales más plenos, que ejercen su propia voluntad e interactúan e influyen en el mundo en el que viven.
El ingreso es, desde luego, un factor que influye en la pobreza real, pero no es el único, además de que sólo es “instrumentalmente importante”, es decir, sólo hace más digna una vida, en la medida que pueda convertirse en medios para incrementar el bienestar, a diferencia de otras capacidades que en si mismas son fuente de bienestar e incluso constituyen medios para aumentar la posibilidad de obtener un ingreso. Por ejemplo, el mejoramiento de la educación básica y de la salud pública constituye un incremento directo en la calidad de vida, pero también aumentan la capacidad de una persona para librarse de la pobreza de ingreso. Entre mas amplia y de mejor calidad sea la cobertura de la educación y salud, más posibilidades existen de disminuir la pobreza y evitar que los potencialmente pobres caigan en la miseria.

La “pobreza de patrimonio” se refiere a la población que cuenta con el ingreso suficiente para cubrir sus necesidades mínimas de alimentación, educación y salud, pero que no les permite adquirir los mínimos aceptables de vivienda, vestido, calzado y transporte, para cada uno de los miembros del hogar.

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